Interesante y necesaria carta la del lector Alfonso Giacobbe el 19/07, recordando a un hombre como Lisandro de la Torre, uno de los políticos que más empeño puso durante su actividad parlamentaria, a institucionalizar la figura y la autonomía de los municipios. También acompañó a Alem en la fundación de la UCR en 1891 y en la Revolución de 1893. En 1896, al morir Aristóbulo del Valle y luego suicidarse Alem, la UCR quedó prácticamente acéfala. Entonces De la Torre propuso una alianza con el Mitrismo para derrocar a Roca, cosa a la que se opuso Yrigoyen y que generó la reacción del primero, quien declaró: “El Partido ha tenido en su seno una actitud hostil y perturbadora, la del señor Yrigoyen, influencia oculta y perseverante que ha operado por lo mismo antes y después de la muerte del doctor Alem, que destruye en estos instantes la gran política de la coalición, anteponiendo a los intereses del país y los intereses del partido, sentimientos pequeños e inconfesables”. Esto ofendió a Yrigoyen, quien lo desafió a un duelo, confiado en que se batirían a puño limpio. De la Torre, hábil esgrimista del Jockey Club, eligió espadas, arma que nunca había utilizado Yrigoyen. Al cabo de más de media hora, De la Torre presentaba heridas en la cabeza, en las mejillas, en la nariz y en el antebrazo, mientras que Yrigoyen estaba ileso, solo con una herida en su cintura. Desde entonces, Lisandro de la Torre usaría barba, para ocultar la cicatriz. En una de sus últimas apariciones parlamentarias se opuso tenazmente a la “Ley Anticomunista”, lanzada por un diputado de la derecha conservadora, argumentando que “El peligro comunista es un pretexto, es el ropaje con que se visten los que saben que no pueden contar con las fuerzas populares para conservar el gobierno y se agarran del anticomunismo como una tabla de salvación. Bajo esa bandera se pueden cometer toda clase de excesos”. Aún con sus críticas a la Unión Soviética, De la Torre comenzó a posicionarse cada días más hacia la izquierda, entendiendo que la Democracia Liberal debía evolucionar hacia una sociedad sin clases sociales, ponderando - además - la estrategia electoral comunista, de conformar frentes populares con partidos demócratas burgueses en todo el mundo, para derrocar al fascismo. Eran radicales con una coherencia inquebrantable; con honor y dignidad, valores diametralmente opuestos, extraños y lejanos a los esgrimidos más de un siglo después, por aquella UCR que fue hipotecada a los conservadores del macrismo en la convención de Gualeguaychú de 2015 y que hoy es utilizada como felpudo por esa nueva versión del fascismo que las nuevas derechas están imponiendo en el mundo y que en Argentina encarna el mileísmo

Javier Ernesto Guardia Bosñak 

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